Si alguna vez pensaste que el techo de Mario estaba en las nubes del Reino Champiñón, la nueva entrega cinematográfica nos ha dejado claro que el límite es, literalmente, el infinito. Estos días es imposible entrar en una conversación sobre cine sin que salga a relucir lo que Nintendo e Illumination han logrado con esta secuela. No se trata solo de ver a un fontanero saltando plataformas; es la sensación de estar ante un evento que ha sabido capturar esa chispa de maravilla que muchos sentimos la primera vez que sostuvimos un mando.
Lo que ha pasado con esta producción es digno de estudio. Tras el éxito masivo de la primera película, la presión por no caer en la “maldición de las secuelas” era enorme. Sin embargo, al trasladar la acción al espacio profundo, han logrado algo que parecía imposible: expandir el universo sin perder la esencia que nos enamoró. La aceptación ha sido tan unánime que parece que, por una vez, críticos y fans se han puesto de acuerdo para disfrutar del viaje.
Una explosión visual que desafía la gravedad
Lo primero que te golpea al sentarte en la butaca es la ambición visual. Si la entrega anterior era colorida y vibrante, esta es una oda a la imaginación técnica. La forma en que han adaptado la mecánica de los pequeños planetas y la gravedad variable a la narrativa cinematográfica es, sencillamente, magistral. No es solo que se vea bien; es que se siente dinámico, fresco y, sobre todo, muy divertido de ver.
Los artistas de animación han echado el resto recreando las galaxias. Cada nuevo mundo que visitan Mario y sus amigos tiene una identidad propia, con texturas que van desde lo acuático hasta lo volcánico, siempre manteniendo ese estilo “caramelizado” que caracteriza a la franquicia. Ver a Mario surcar el cosmos mientras la cámara gira para seguir los cambios de gravedad nos devuelve esa sensación de vértigo controlado que hizo tan especial al juego original en su momento.
Rosalina y el corazón de la historia
Si algo se le achacaba a la primera parte era que, aunque muy entretenida, la trama era quizás un poco plana. Aquí es donde la secuela ha dado un puñetazo sobre la mesa. La introducción de Rosalina no ha sido un simple “cameo” para contentar a los seguidores; ella es el ancla emocional de toda la película.
Su trasfondo, contado con una delicadeza que no esperábamos en una producción de este tipo, ha sido uno de los puntos más aplaudidos por la crítica. Nos han regalado momentos de una melancolía preciosa, explicando su soledad en el Observatorio del Cometa y su relación con los Destellos (Lumas). Esos pequeños seres estrellados no solo aportan la cuota de ternura necesaria, sino que su sacrificio y lealtad le dan un peso dramático a la historia que eleva el conjunto. Por fin sentimos que hay algo real en juego, más allá de rescatar a alguien o salvar un reino.
El consenso entre la crítica y el público: Un milagro moderno
Es habitual ver una brecha enorme entre lo que opinan los expertos y lo que disfruta el público general en este tipo de adaptaciones. Sin embargo, con esta entrega galáctica, la historia ha sido diferente. Los críticos han alabado el ritmo impecable y la valentía de tomar riesgos narrativos, mientras que las familias están llenando las salas por la pura alegría que desprende cada fotograma.
La clave de este éxito compartido parece estar en el respeto. Se nota que quienes hicieron la película aman el material de origen. No hay chistes fuera de lugar ni intentos forzados de ser “cool”. La película confía en sus personajes y en su mundo. Además, la evolución de personajes como Peach, que aquí demuestra ser una estratega nata, o Luigi, que poco a poco va venciendo sus miedos en situaciones imposibles, hace que el espectador conecte con ellos de una forma mucho más profunda.
Bowser y la reinvención del villano carismático
No podemos hablar de esta película sin mencionar al rey de los Koopas. Jack Black vuelve a prestar su voz y su energía a un Bowser que, en esta ocasión, tiene una ambición de escala cósmica. Su plan para robar las Maxiestrellas y crear su propio imperio en el centro del universo nos regala algunas de las mejores secuencias de acción de la cinta.
Lo interesante es cómo logran mantener ese equilibrio entre lo imponente y lo cómico. Bowser sigue siendo una amenaza real, alguien a quien no querrías enfrentarte, pero su personalidad obsesiva y sus momentos de “diva” musical (que sí, hay nuevas sorpresas en ese aspecto) lo mantienen como uno de los villanos más queridos de la historia del cine de animación reciente.
La música: Una sinfonía que une generaciones
Otro punto que ha sido tendencia absoluta es la banda sonora. Integrar los temas icónicos con arreglos orquestales que suenan a épica espacial ha sido un acierto total. Hay momentos donde la música toma el protagonismo absoluto, guiando la acción y subrayando la emoción de forma que se te eriza la piel.
Se dice que trabajaron codo con codo con los compositores originales para asegurar que cada nota tuviera ese sabor a Nintendo, pero adaptado a la grandilocuencia que exige la pantalla gigante. El resultado es una experiencia sonora que te envuelve y te transporta fuera de la sala de cine. Es imposible salir de la función sin tararear alguna de las melodías que nos han acompañado durante décadas, pero que ahora suenan más grandes que nunca.
Un viaje que merece ser vivido en la pantalla más grande
En definitiva, la sensación que queda tras ver la película es la de haber formado parte de algo especial. Es cine de aventuras puro, de ese que te hace olvidar el mundo exterior durante un par de horas. Si todavía no has tenido la oportunidad de ver a Mario y compañía saltando entre galaxias, hazte un favor y busca la sala más grande que tengas cerca.
La combinación de una animación de vanguardia, una historia con corazón y ese toque de magia que solo Nintendo sabe aportar, la convierten en la película del momento. Es el ejemplo perfecto de cómo una secuela puede superar a su predecesora en todos los aspectos, recordándonos que, a veces, para avanzar, solo hace falta mirar hacia las estrellas y dar un salto de fe. ¡Nos vemos en el espacio!