Me vas a decir que hacer una película sobre tenis de mesa en los años 50 suena a algo que pondrías de fondo para dormir una siesta el domingo. Te entiendo totalmente, la premisa no grita “acción desenfrenada” a primera vista. Pero luego le pones a Josh Safdie en la silla de director, metes a un Timothée Chalamet con un ego descontrolado, y de repente tienes una de las experiencias más intensas, sudorosas y fascinantes que nos ha dado la pantalla grande últimamente.
Estamos a mediados de marzo de 2026 y, si te gusta el cine tanto como a mí, seguramente no has parado de escuchar hablar de Marty Supreme. Desde que se estrenó en Navidad del año pasado, esta joya del estudio A24 se ha convertido en el tema de conversación obligado en cualquier círculo cinéfilo. Y la gran pregunta que flota en el aire, viendo el nivel de locura y entrega de su protagonista, es si este será finalmente el papel que le asegure a Chalamet ese Óscar que tanto se le ha resistido, preparándolo para reinar con fuerza en la temporada de los Óscar 2027.
De vender zapatos a dominar el tenis de mesa
Si alguna vez te sentaste a ver Uncut Gems, ya sabes muy bien cómo opera la mente de Josh Safdie. Es un maestro absoluto en crear ansiedad pura en el espectador. Esta vez, en su primer proyecto como director en solitario tras separarse creativamente de su hermano Benny, Josh nos lleva a la Nueva York de la posguerra para presentarnos a Marty Mauser.
Marty es un joven vendedor de zapatos de 23 años que está completa y absolutamente convencido de que es el mejor jugador de ping-pong del universo. Su personaje está inspirado de forma muy libre en la vida del legendario y excéntrico jugador real Marty Reisman. Pero lo que hace Chalamet aquí no es una simple imitación biográfica. Su versión de Marty es arrogante, manipuladora, un poco narcisista y, sin embargo, está construida de una manera en la que sencillamente no puedes apartar la mirada de él.
A lo largo de la cinta, se la pasa saltando de Nueva York a Londres y hasta Japón, intentando conseguir el campeonato mundial a toda costa. Y cuando digo a toda costa, me refiero a engañar a su propia familia, meterse en enredos con mafiosos locales y dejar un rastro de absoluto caos por donde pisa. Lo verdaderamente asombroso del asunto es que Timothée se tomó esto tan en serio que pasó siete años entrenando tenis de mesa. Sí, leíste bien, siete años. Cada vez que tenía un rato libre viajando por el mundo grabando Dune o Wonka, el actor armaba su mesa de ping-pong y se ponía a practicar sin descanso. Esa obsesión casi enfermiza se nota en cada golpe de raqueta que da en la película.
Un elenco que parece un sueño febril
Si la historia de un adicto al ping-pong desatado no te parece suficiente, el elenco que acompaña a Timothée es una mezcla tan extraña que no debería tener ningún sentido, pero funciona a la perfección. Tenemos a Gwyneth Paltrow interpretando a Kay Stone, una actriz retirada que se cruza en el camino de Marty en el lujoso hotel Ritz de Londres. La química en pantalla entre ambos es rarísima pero completamente magnética.
Y agárrate, porque también está Kevin O’Leary. Sí, el mismísimo “Mr. Wonderful” del programa Shark Tank, haciendo de un magnate de los negocios que resulta ser el esposo del personaje de Gwyneth. A eso súmale a Tyler, the Creator (acreditado por su nombre real, Tyler Okonma) haciendo su gran debut actoral en cine, a la talentosísima Odessa A’zion interpretando a una amiga de la infancia con la que Marty tiene una aventura bastante tóxica, y hasta a la icónica Fran Drescher. Es un grupo de gente que jamás imaginarías en la misma habitación, pero bajo el lente frenético de Safdie, encajan como un rompecabezas impecable.
La actuación que le está cambiando la carrera a Timothée
Vamos a ser muy honestos, a Chalamet casi siempre lo hemos visto como el chico bueno, el príncipe melancólico, el mesías de Arrakis o el chocolatero soñador con un corazón de oro. Aquí, Josh Safdie lo sacó por completo de su zona de confort y lo obligó a ensuciarse las manos de verdad. Marty Mauser es, en muchísimos sentidos, un tipo insoportable que utiliza a las mujeres, estafa a quien se deje y se cree el centro absoluto de la existencia.
Sin embargo, Chalamet le inyecta una dosis tan grande de carisma a la pantalla que, de alguna forma algo retorcida, terminas apoyando sus locuras. Es una actuación tan física, veloz y agotadora que ya le valió el Globo de Oro a Mejor Actor de Comedia o Musical a principios de este mismo año, allá por enero de 2026. La película logró acumular nada menos que nueve nominaciones en la reciente entrega de los premios de la Academia. Y aunque el camino hacia la ansiada estatuilla dorada siempre es una montaña rusa impredecible, la industria cinematográfica ya lo está mirando con muchísimo respeto. La inmensa madurez actoral que demostró en este papel está dejando muy claro que tiene todo el peso dramático necesario para arrasar en la próxima gran cita, perfilándolo fuertemente como el gran favorito para los Óscar 2027. Ya no es solo “el chico de moda de Hollywood”, es un actor de carácter dispuesto a destrozar su propia imagen pública por un buen guion.
Al final del día, Marty Supreme es un viaje caótico y frenético que te atrapa por el cuello y no te da ni un solo segundo para respirar tranquilo. Puede que Marty Mauser sea un completo desastre como persona, pero la dedicación monumental que Timothée Chalamet le puso a este proyecto es totalmente digna de aplaudir de pie. El tipo se lanzó al vacío, demostró que puede sostener sobre sus hombros el peso de una narrativa súper compleja e incómoda, y salió victorioso. Así que, si me preguntas a mí, la Academia de Hollywood ya debería ir buscando un espacio para grabar su nombre con letras grandes. Veremos qué sorpresas nos trae el largo camino hacia los Óscar 2027, pero de que Chalamet va con toda la fuerza del mundo a llevarse esa estatuilla, de eso no hay ninguna duda.